Oda al H20: el velero que nos hizo navegantes
El viernes 1° de mayo crucé a Colonia (Uruguay) en un H20. En el medio del Río de la Plata pensé en Heguilor, en mi viejo y en mi abuelo. Y en un velero de seis metros que llegó al casquete polar ártico.
El viernes 1° de mayo crucé a Colonia (Uruguay) en un H20. Cruzando el canal Mitre, timoneando un velero que llevaba cinco décadas haciendo lo mismo, me detuve a pensar en él. No es un barco más: es uno de los objetos más simbólicos de la náutica argentina.

Un H20 en el Río de la Plata. El barco más popular del estuario, hoy con cientos de unidades aún navegando.
En 1970, en Quilmes (Argentina), Jorge Heguilor decidió hacerse un velero para él. Lo quiso de plástico, con cabina, chico y económico, capaz de cruzar el Río de la Plata sin pretensiones. Dos años después construía en serie para amigos. A lo largo de su vida —murió en 2022, a los 99 años, a meses de cumplir el siglo— levantó más de 600 barcos bajo dos preceptos repetidos como mantra: precio justo, ganancia justa.

Esa decisión cambió todo. El H20 abrió la náutica a clases sociales que nunca habrían pisado un cockpit. Si mi abuelo navegó, si mi viejo navega, si el viernes pude cruzar a Colonia, es por este velero. Heguilor probablemente no tenía idea de lo que estaba creando: un barco que cuarenta años después seguiría haciendo travesías. Fue el inicio de tantos que hoy aman nuestro río y tienen sus embarcaciones.
La historia más increíble de este modelo: en agosto de 1998, el médico mercedino Gerónimo Saint Martin alcanzó Spitsbergen (Noruega), a nueve grados del Polo Norte, navegando solo en "La India", un H20 de fibra de vidrio. Seis metros de eslora rozando el casquete polar ártico. Hubo quien la llamó locura. Y capaz lo fue. Pero esa locura es también la prueba más rotunda de lo que aguanta este velero. Heguilor lo pensó para cruzar a Colonia. Saint Martin lo llevó al otro extremo.
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