Rumbo a Colonia: la ciudad de los atardeceres
Crónica de un cruce a Colonia el 23 de mayo. Cruzando el Canal Mitre, la proa apunta al casco histórico más antiguo del Río de la Plata: una ciudad fundada por portugueses en 1680, disputada cuatro veces, con una historia que los atardeceres opacan.
23 de mayo. Iba al timón. Cruzando el Canal Mitre, volvió esa sensación conocida: divagar. Pero esta vez una parte de mí se mantuvo firme al timón, mientras la otra se trasladó directo al destino del nuevo rumbo: Colonia del Sacramento (Uruguay), la ciudad de los atardeceres. La misma que supe llamar hogar durante dos años.

Muchos la elegimos como destino. Está cerca, tiene puerto seguro y atardeceres que ya son su marca registrada. La mayoría nos quedamos con la postal: faro, rambla, cielo encendido sobre el Río de la Plata. Pero pocas veces reparamos en lo que hay detrás.
Y detrás hay tres siglos de historia disputada. El 20 de enero de 1680, el portugués Manuel Lobo —gobernador de la capitanía de Río de Janeiro— llegó con cinco barcos y cuatrocientos hombres y fundó Colônia do Santíssimo Sacramento. La península de San Gabriel era el enclave perfecto para contrabandear y controlar las entradas al Uruguay y al Paraná.
Después vino un siglo de tira y afloje. Los españoles la tomaron cuatro veces; los tratados la devolvieron a Portugal tres (1681, 1716, 1763). Recién en 1777, con el Tratado de San Ildefonso, pasó definitivamente al lado español. En 1995, la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad a su barrio histórico.
Esa herencia doble se lee a simple vista. La casa portuguesa es baja, de piedra y barro, con techo de tejas a dos o cuatro aguas; la española, más alta, de ladrillo y azotea plana. Hasta las calles cambian de acento: las portuguesas serpentean, angostas e irregulares; las españolas se abren rectas, en cuadrícula.

La Calle de los Suspiros, en el corazón del barrio histórico de Colonia del Sacramento (Uruguay).
La próxima vez que amarremos —al muelle de piedra o al renovado muelle de madera— vale la pena caminar despacio hasta la Calle de los Suspiros. Colonia lleva escuchando el viento del Río de la Plata desde 1680. Basta apartar la vista del atardecer un segundo para contemplar los tres siglos de historia que ese cielo ilumina.
¿Te gustó esta historia?
No te pierdas nuestras últimas publicaciones sobre náutica, río y cultura del Río de la Plata.